En Brasil dicen que Paraguay «vendió» la mitad de Itaipú a Crusoe y Araico tras la visita de Landau.
La empresa estadounidense prometió levantar un data center que se alimentará con la energía de la binacional.
El Departamento de Estado de los Estados Unidos formalizó una alianza entre la empresa norteamericana Crusoe y la desarrolladora paraguaya Araico para construir y operar infraestructura de cómputo de alto rendimiento, destinada a Inteligencia Artificial, que será alimentada directamente por la represa de Itaipú.
El proyecto, anunciado durante la visita de Christopher Landau, podría convertirse en «una de las mayores inversiones privadas en la historia del Paraguay». Crusoe planea erigir un centro de datos con una capacidad inicial de 106 MW de infraestructura tecnológica, con opciones de expansión a largo plazo que alcanzarían los 280 MW, directamente conectado a la subestación de Itaipú.
La inversión asociada al campus denominado «Iguazú AI City», emplazado en Alto Paraná, asciende a US$ 12.000 millones en sus primeros tres años, según anunció Alejandro Zuccolillo, cofundador y director de Araico Corporation.
Crusoe es una empresa fundada en 2018 con sede en Denver. La compañía se hizo un nombre en el ecosistema cripto al desarrollar tecnología para aprovechar el gas residual de los campos petrolíferos y alimentar data centers modulares para la minería de Bitcoin.
Con el tiempo, Crusoe pivotó su modelo de negocio y hoy se posiciona como una «fábrica de IA» que busca ubicar sus centros de cómputo directamente donde la energía es abundante y barata, como es el caso de Paraguay.
Zuccolillo dijo que el suministro se pactó a una tarifa de USD 45 por MWh, con un ajuste anual del 2,5% (o la inflación estadounidense, si es mayor), un precio que terminaría superando los US$ 70 por MWh al cabo de unos años.
El empresario argumentó que esta tarifa era un 50% superior a la que paga la industria paraguaya y «muy superior» a la que Brasil abona por la energía de Itaipú, y que no requería inversión adicional en transmisión por estar conectada a la subestación principal.
Medios brasileños como O Globo vienen alertando que el interés de EEUU por el excedente de Itaipú podrían marcar una ruptura profunda en la historia de la binacional. Al asegurarse el uso preferencial de la energía paraguaya para Crusoe y Araico, se estaría sustrayendo el excedente que va a parar al mercado brasileño.
Lo cierto es que pese a la postura corporativa de los medios, la clase política y los empresarios brasileños, en Paraguay se han planteado propuestas para que el país pueda vender libremente su excedente, pero las negociaciones por el Anexo C del Tratado de Itaipú están frenadas por las elecciones en Brasil.
La alianza Crusoe-Araico no es un caso aislado de tensión por el uso de la energía paraguaya. El Sindicato de la ANDE (Sitrande) es consistente en su rechazo a lo que considera una «entrega de la soberanía energética» por las tarifas preferenciales para grandes consumidores.
El antecedente inmediato es el caso de la británica Atome, que buscaba una tarifa fija subsidiada de US$ 30 por MWh durante 15 años para su planta de fertilizantes verdes en Villeta, muy por debajo de la tarifa técnica de la estatal, que rondaba los US$ 44 por MWh.
Las protestas de los trabajadores de la ANDE lograron en junio pasado que el Ejecutivo dejara sin efecto los decretos que otorgaban esas tarifas especiales, aunque la empresa amenazó con frenar la inversión.
El temor de los gremios no es solo por la tarifa, sino por el déficit energético que se avizora, teniendo en cuenta que proyectos de ese calibre, que consumen cientos de megavatios de forma intensiva, podrían comprometer el suministro interno a mediano plazo, sobre todo si la ANDE no realiza las inversiones necesarias para ampliar la generación y la red.
El acuerdo Crusoe-Araico se inscribe en una estrategia más amplia de la administración Trump para el Cono Sur, que tiene a Paraguay como su principal socio. En diciembre, Asunción y Washington firmaron un Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA) que establece el marco legal para la presencia y operación de personal militar estadounidense en territorio paraguayo.
Para Brasilia, esta decisión no era un gesto aislado. O Globo reveló que el mayor temor del gobierno de Lula da Silva era que SOFA condujese a la instalación de bases militares de EEUU en la región. Los roces entre Brasil y la Casa Blanca podrían rebajarse en caso de que Flávio Bolsonaro gane la segunda vuelta presidencial, pero la cuestión de Itaipú siempre fue gestionada como un asunto estrictamente binacional.
Fuente: lapoliticaonline.com


